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“Contar noticias lo puede hacer cualquiera, pero contar historias no”

Agustín Lago, periodista y egresado del ISET 18, volvió al instituto para dialogar con estudiantes de segundo año de Periodismo.

“Contar noticias lo puede hacer cualquiera, pero contar historias no”

Agustín Lago, periodista y egresado del ISET 18, volvió al instituto para dialogar con estudiantes de segundo año de Periodismo.

Foto: Sergio Roulier y Agustín Lago en el ISET 18

Lo hizo con humildad y con el tono calmo que usa en sus crónicas. El jueves pasado, el aula del Taller de Periodismo de Investigación del ISET 18 recibió a Agustín Lago para una charla con los estudiantes de segundo año, nos contó cómo fueron sus inicios en el oficio y cómo llegó a especializarse en crónicas policiales y judiciales. Desde 2017, cubre los principales casos de narcotráfico y violencia para Rosario3, Radio 2 y colabora con Infobae.

“Para eso estoy”, dijo con una sonrisa cuando Sergio Roulier —quien coordina el espacio— lo presentó y le tendió un vaso de agua. No hizo falta mucho más para que empezara a hablar. 

“Yo arranqué en el periodismo deportivo, nada que ver”, soltó ante la primera pregunta. Lo suyo no fue un plan, sino una derivación de las circunstancias. En 2017, cuando Hernán Funes tuvo que correrse de su horario matutino, él aceptó cubrir ese turno. Empezó con lo que tenía: algunos contactos.

El riesgo de errar en vivo

“Cuando diste por muerta a una persona, no la podés revivir”, dijo con la crudeza necesaria para que nadie olvide que en la cobertura judicial y policial no hay margen para la improvisación. Lago sabe que en Rosario —una ciudad atravesada por la violencia y la desconfianza— el error cuesta caro. Por eso verifica todo: “Al menos tres fuentes, siempre. Aunque tenga la primicia”.

La charla fue una clase de ética sin necesidad de recurrir a ningún manual. “Nada reemplaza el contacto personal”, aseguró cuando le preguntaron por el manejo de las fuentes. Dijo que muchos vínculos arrancan en WhatsApp, pero se fortalecen en una audiencia o en un café. Es ahí donde aparece la información que no está en los partes, la que circula en off, la que permite armar el rompecabezas.

Amenazas, límites y el precio de contar

A la pregunta inevitable —si había recibido amenazas— Lago respondió sin rodeos: “Sí, he recibido. Desde 2020 tengo ciertas medidas por cuestiones puntuales”. No dio detalles. No hacía falta. Habló del silencio prudente que a veces impone el oficio. “Hace poco imputaron a un grupo de jefes policiales por robo. El 40% se ha sentado a tomar café conmigo”.

En ese límite fino entre informar y exponerse, eligió no correrse, pero con cautela. “Nunca dejo de informar, pero hay cosas que hoy no haría igual que hace unos años”, confesó.

El periodismo como relato, no solo como dato

Lago hizo una distinción clave: “Contar noticias lo puede hacer cualquiera, pero contar historias no”. Para él, la diferencia está en el enfoque, en mirar desde varios ángulos. En tratar de llegar, si no a la verdad, al menos a “lo más cercano posible”.

No es solo qué se cuenta, sino cómo. Y, sobre todo, por qué. En medio de un ecosistema donde las noticias se multiplican por minuto, él pone el foco en el criterio. “Recibo 50 partes por día. Hay que filtrar, priorizar. A veces, el título ya define el enfoque”.

Cierra consultando, cruzando datos, midiendo el impacto. En la redacción de Rosario3, con su jefe. En la radio, con los conductores. Porque para Lago, el periodismo sigue siendo colectivo, incluso cuando el nombre en la nota sea uno solo.

Una vuelta con sentido

El aplauso final no fue solo por cortesía. Fue agradecimiento. Nos dejó en claro que el periodismo no se aprende solo en las aulas, ni mucho menos en un estudio. Se aprende en la calle, escuchando, dudando y, sobre todo, contando. No noticias. Historias.

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