
El Circo Mundial desembarcó en Rosario con un show que hace latir el corazón de grandes y chicos
La emoción y el asombro ya tienen su lugar en Rosario: el Circo Mundial llegó y está instalado en la Rotonda de Av. Francia, en el Parque Scalabrini Ortiz, con funciones de jueves a domingo.
Bajo una imponente carpa mexicana, más de 40 artistas despliegan su talento en un espectáculo de dos horas que recupera lo mejor del circo tradicional y lo combina con destrezas modernas, sin perder la calidez familiar que lo caracteriza.
Desde el primer minuto, el público se sumerge en un mundo mágico. Acrobacias en el aire, actos de equilibrio extremo, malabares, luces y música se suceden sin descanso. No faltan los clásicos payasos, que con su humor logran arrancar carcajadas tanto a chicos como a adultos.
Uno de los momentos más ovacionados es el del grupo de malambo, que mezcla ritmo, coordinación y boleadoras. También impacta la fuerza y el suspenso de los trapecistas, las figuras que cuelgan de telas a gran altura, y una artista que desafía la lógica con su número de suspensión capilar.
La magia también dice presente de la mano de Gustavo Yovanovich, creador del circo y artista de quinta generación circense. Su número mantiene la atención del público al filo, entre asombro y misterio.
Para el gran final, se encienden los motores del esperado Globo de la Muerte. Cinco motociclistas giran a toda velocidad dentro de una esfera metálica, generando una mezcla de adrenalina y emoción que cierra la función con aplausos de pie.
El Circo Mundial nació hace 15 años en Tucumán y lleva en su esencia la tradición de una familia con raíces serbio-yugoslavas. Hoy, sigue recorriendo el país con un espectáculo pensado para que toda la familia disfrute, sueñe y se maraville.
Las entradas se pueden conseguir en http://linke-arte.com y en la boletería del circo. Además, el espacio cuenta con un hall con propuestas gastronómicas para completar la experiencia desde el momento en que se llega.
Una invitación a dejarse llevar por la fantasía, reír sin medida y volver, por un rato, a ser chicos.