Entrevistas Escuchar artículo

Análisis de la coyuntura argentina: interdependencia político-económica y reformas estructurales pendientes

El economista Luciano Villegas analizó en *Ideas y Pensamientos* (AM 1090 Libertad) cómo los ciclos políticos condicionan la economía y urgió reformas laborales y fiscales para crecer sostenidamente.

Análisis de la coyuntura argentina: interdependencia político-económica y reformas estructurales pendientes

El economista Luciano Villegas analizó en *Ideas y Pensamientos* (AM 1090 Libertad) cómo los ciclos políticos condicionan la economía y urgió reformas laborales y fiscales para crecer sostenidamente.

Por Myriam Gorvein

El economista Luciano Villegas, en una entrevista en el programa radial Ideas y Pensamientos por AM 1090 Libertad, explicó que los ciclos económicos en el país están fuertemente condicionados por los ciclos políticos, lo que lleva a implementar políticas de corto plazo con fines electorales. Destacó además la necesidad imperiosa de realizar reformas estructurales, como la laboral y la fiscal, que considera vitales para el crecimiento a largo plazo.

Según Villegas, en Argentina los ciclos políticos dictan los ciclos económicos, y no a la inversa. Esta interdependencia, donde la estrategia electoral de corto plazo condiciona las decisiones de política económica, constituye el paradigma central que define la trayectoria del país. Comprender esta dinámica es clave para anticipar políticas, evaluar riesgos y tomar decisiones de inversión informadas en un entorno de alta complejidad.

La estructura electoral argentina, con comicios legislativos o presidenciales cada dos años, genera un fuerte incentivo para aplicar políticas de corto plazo. Históricamente, los gobiernos han priorizado llegar a las elecciones con variables clave como la inflación y el tipo de cambio, bajo control aparente. Este enfoque táctico implica la postergación sistemática de los ajustes estructurales necesarios para la sostenibilidad a largo plazo, aunque resulten impopulares. El resultado es un patrón recurrente: estabilidad artificial preelectoral seguida de correcciones abruptas y costosas en la etapa poselectoral.

Este ciclo político-económico no es un fenómeno reciente, sino un patrón histórico arraigado en la práctica política del país. Las políticas que se observan en la coyuntura actual son una manifestación directa y previsible de ese comportamiento, sostuvo el economista.

Estrategia gubernamental

La estrategia económica del gobierno argentino se centra en la defensa de dos indicadores clave, presentados como “activos” de gestión ante el electorado de cara a las elecciones del 26 de octubre. Tras casi un año y medio de mandato, el oficialismo ha concentrado sus esfuerzos en exhibir la reducción de la inflación y un relativo control del tipo de cambio como pilares de su narrativa de estabilización.

El gobierno defiende “a capa y espada” dos indicadores económicos como pilares de su gestión preelectoral: el control de la inflación y la estabilidad cambiaria. Para contener el avance de los precios, utiliza el anclaje del tipo de cambio, manteniendo estable el valor del dólar para moderar expectativas inflacionarias y costos de reposición. Paralelamente, aplica políticas de muy corto plazo para asegurar la estabilidad del mercado cambiario, como la reciente medida que permitió la liquidación de exportaciones con un cupo limitado, destinada a fortalecer temporalmente la oferta de dólares y mantener bajo control el tipo de cambio.

A pesar de los esfuerzos por ordenar las cuentas públicas, el análisis indica que el ajuste fiscal está a mitad de camino. Después de décadas de desequilibrios acumulados (algo así como “pagar el mínimo de la tarjeta de crédito” durante años), la corrección necesaria resulta dura y prolongada. Si bien el gobierno inició este proceso, los mercados internacionales perciben las medidas como insuficientes para garantizar la sostenibilidad a largo plazo. Además, la calidad del superávit fiscal reportado genera debate entre analistas, especialmente por la forma en que se computan los intereses de la deuda.

El riesgo país, indicador que mide la percepción de los inversores sobre la deuda soberana, no ha logrado perforar de manera sostenida el umbral de los 600 puntos y recientemente regresó a la zona de los 1000. Esta métrica refleja que los mercados globales consideran que Argentina aún no ajustó lo suficiente y dudan de su capacidad para cumplir compromisos futuros.

En pocas palabras, aunque el gobierno inició un ajuste ineludible, sus tácticas actuales son paliativos de corto plazo orientados al ciclo electoral. Esta dependencia de medidas transitorias no aborda los desequilibrios de fondo y aumenta la urgencia de encarar las grandes reformas estructurales que aún no aparecen en la agenda.

Una cuestión estructural

Las reformas estructurales no deben considerarse una opción, sino una condición indispensable para que Argentina pueda aspirar a un crecimiento sostenible en el mediano y largo plazo. Sin una modernización de los marcos regulatorios fundamentales, cualquier atisbo de estabilidad será transitorio y dependerá de apoyos externos puntuales, como los que podrían ofrecer Estados Unidos o China. En última instancia, la cuestión esencial pasa por resolver los problemas internos del país.

Reformas pendientes

Según Villegas, hay dos reformas de urgencia y de impacto potencial sobre la capacidad productiva del país: la laboral y la impositiva.

La reforma laboral es imperiosa porque el sistema actual resulta anticuado y obstaculiza la creación de empleo privado de calidad, un sector que lleva una década estancado. Su implementación es indispensable para generar un ciclo virtuoso de inversión, productividad y salarios reales más altos.

La reforma impositiva es fundamental para aliviar la carga fiscal sobre el sector productivo. El sistema tributario vigente asfixia a las empresas y desincentiva la inversión. Una reforma integral es clave para crear un entorno de negocios competitivo y previsible que fomente la formalización y el crecimiento.

Aunque la necesidad técnica de estas reformas es evidente y ampliamente reconocida, su implementación enfrenta un obstáculo mayor: la falta de viabilidad política para construir los consensos necesarios.

El Congreso como campo de batalla y la capacidad de negociación del gobierno del presidente Milei

El epicentro del estancamiento reformista se encuentra en el Congreso Nacional, donde reformas de la magnitud de la laboral o la impositiva no pueden implementarse por decreto presidencial, ya que modifican estructuras legales de fondo. Su aprobación requiere acuerdos políticos amplios y leyes negociadas con los diferentes sectores del arco parlamentario y con los referentes sociales.

Según Villegas, el gobierno actual muestra una capacidad limitada para forjar alianzas legislativas. Este déficit se refleja en tres aspectos: la falta de habilidad negociadora, la alienación de aliados potenciales y una desfavorable aritmética parlamentaria post-electoral. El gobierno no ha mostrado habilidad para negociar leyes y ha privilegiado la confrontación sobre el consenso. En lugar de construir puentes, su retórica y sus acciones han alejado a posibles socios que podrían haber apoyado las reformas, fragmentando aún más el escenario político.

Además, las proyecciones indican que, incluso con un resultado favorable en las elecciones del 26 de octubre, el gobierno no obtendría mayoría parlamentaria. En el mejor de los casos, podría conformar un bloque que le permita evitar el rechazo de sus decretos, aunque lejos de la fuerza necesaria para impulsar reformas estructurales profundas.

Esta parálisis legislativa, advirtió Villegas, genera por otra parte, un vacío que permite la indisciplina fiscal a nivel provincial, lo que se convierte en un lastre adicional para la economía.

Asimetría fiscal y el caso de la provincia de Santa Fe

Existe una desconexión entre el esfuerzo de ajuste fiscal realizado por la Nación y la falta de acompañamiento de las provincias. Por primera vez en mucho tiempo, el gasto provincial supera al gasto nacional, lo que obstaculiza el esfuerzo de ajuste federal.

Villegas señaló que el caso de la provincia de Santa Fe ilustra con claridad el impacto de esta divergencia sobre el sector productivo. Por un lado, la carga fiscal creciente impuestos como Ingresos Brutos y el Inmobiliario (API), sumados a las tasas municipales (TGI), representa una proporción muy alta y agobiante de los costos empresariales, especialmente para las Pymes. Por otro lado, esta presión fiscal provincial afecta la competitividad y provoca dificultades e incluso cierres de empresas, incluso en sectores exportadores que, a nivel nacional, resisten mejor la crisis, como la industria frigorífica. Esto demuestra cómo una política fiscal subnacional adversa puede anular las ventajas competitivas alcanzadas a nivel macroeconómico.

Una solución macroeconómica sostenible resulta inviable sin un compromiso fiscal coordinado entre todos los niveles de gobierno. La falta de ajuste provincial actúa como un ancla sobre la economía nacional y hace prácticamente inevitable un cambio de política tras las elecciones.

Perspectivas poselectorales y política cambiaria

La principal certeza para el período posterior a las elecciones es que resultará inevitable modificar el esquema cambiario. El sistema actual de flotación controlada, con el tipo de cambio operando sobre el límite superior, es insostenible en el tiempo. Villegas señaló que el esquema se sostiene mediante intervenciones ad hoc y políticas reactivas de corto plazo, comparables a una administración “de almacenero”, que inducen una oferta temporal de dólares. Consideró inviable mantener esta estrategia hasta 2027.

Escenarios cambiarios probables y recomendaciones estratégicas

Según el economista, tras las elecciones es altamente probable que el gobierno avance hacia una flotación más amplia o una ampliación de bandas cambiarias. El tipo de cambio actual ya genera complicaciones en varios sectores productivos, erosiona la competitividad y afecta los niveles de actividad. Por lo tanto, la corrección del esquema es necesaria tanto para la consistencia macroeconómica como para la salud del sector privado.

Villegas recomendó a las empresas y actores económicos prestar especial atención a cuatro aspectos: monitorear las alianzas legislativas, anticipar los ajustes poselectorales, incorporar el riesgo fiscal subnacional en sus proyecciones y observar el rediseño de la política cambiaria como el primer indicador concreto de la dirección económica que adoptarÍa el gobierno en el próximo período.

Comentarios
Volver arriba