
El Susurro
Un film de terror y suspenso coproducido entre Uruguay y Argentina.
Por Guillermo Bruno
La película se promociona como “de los mismos productores de Cuando acecha la maldad”, aunque, en la práctica, se encuentra muy lejos de aquella potente producción argentina.
El director Gustavo Hernández propone un abanico de temas dentro de una misma historia. Y como bien dice el refrán, “el que mucho abarca, poco aprieta”. La trama comienza con una adolescente que debe hacerse cargo de su hermano menor, ya que su padre está ausente… porque es un vampiro. Ambos se trasladan a vivir a una casa aislada, en medio de un bosque. En la zona opera un grupo de malvivientes que secuestra jóvenes para asesinarlos frente a cámara y vender ese contenido a un público consumidor de películas “snuff” —una idea escalofriante, pero tristemente existente—. A partir de allí se desencadenan otros conflictos que conviene no revelar para evitar spoilers.
La combinación de todos estos elementos, pasados por una misma “batidora”, da como resultado un film de terror irregular. En este caso, la máxima de que “menos es más” podría haber favorecido al producto final.
La dirección es correcta, con climas logrados en varios pasajes, y las actuaciones cumplen con creces. Se destacan especialmente Luciano Cáceres, Ana Clara Guanco y el pequeño Marcelo Michinaux. Sin embargo, una ambición desmedida y un trabajo de edición desparejo y confuso terminan atentando contra la cohesión del relato.
En definitiva, El Susurro es una película bien realizada y bien actuada, pero que queda a mitad de camino por intentar abarcar demasiado.
Calificación: 6 puntos.